M. Wollstonecraft: Vindicación de los derechos de las mujeres

El texto Vindicación de los derechos de las mujeres fue publicado por la filósofa inglesa Mary Wollstonecraft (1759-1797) en 1792 y constituye uno de los primeros y más importantes ejemplos de literatura feminista, pero sin embargo algunos aspectos impiden considerarlo totalmente tal, como explicaré más tarde.

La publicación del libro se sitúa en un periodo histórico caracterizado por el movimiento político, social, cultural y filosófico de la Ilustración que se desarrolló justamente a partir de Inglaterra. Dicho movimiento aportó la concepción revolucionaria del hombre como un ser al centro del universo y dotado de razón, considerada por los ilustrados como fundamental en cada ámbito de la vida humana. Además, la Ilustración subrayó la importancia de los derechos del hombre en el ámbito político: el derecho natural (o universal), de hecho, fue el que básicamente dio vida al espíritu de justicia y libertad universales que tuvieron un papel esencial en la Revolución francesa. Esta última tuvo lugar contemporáneamente con la publicación del libro de la Wollstonecraft, que mientras tanto ya había publicado su libro Vindicación de los derechos del hombre en 1790, coherentemente con el espíritu iluminista de la época.

El propósito de la autora, con la publicación de 1792, era el de extender los derechos también a la otra mitad de la población humana, es decir a las mujeres, como el mismo título del libro subraya. Este tema no había sido abordado tampoco por la subversiva Revolución: la Constitución francesa de 1791, fruto de los esfuerzos revolucionarios, no preveía de hecho que la ciudadanía fuera atribuida también a las mujeres. Además, había sido propuesto un sistema nacional gratuito de educación, pero esta última era prevista exclusivamente para los hombres, en cuanto

«el hogar paterno es mejor para la educación de las mujeres: tienen menos necesidad de aprender a manejar los intereses de los otros que de acostumbrarse ellas mismas a una vida tranquila y apartada.»1Charles Maurice de Talleyrand-Périgord, Informe sobre la educación pública, escribido para la Asamblea Nacional Constituyente de Francia, 1791

 

 

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Manifestación del 8 de marzo, Madrid. Foto de Emma Strocchi

 

Para la escritora, era justo la educación tradicional y superficial de las mujeres la causa del desarrollo parcial de sus capacidades, es decir solo de aquellas útiles para la vida doméstica y la satisfacción de los deseos de los hombres. De esta manera ellas estaban relegadas a un nivel infantil de superficialidad intelectual y no eran capaces de actuar para el mejoramiento de su situación, precisamente porque eran bloqueadas por la debilidad y por la dependencia de los hombres que no les permitían devenir plenamente actores sociales.

Para resolver este problema y permitir por tanto que su situación cambiase, para la filósofa los derechos sociales, políticos y la educación intelectual debían ser extendidos a las mujeres de modo que ellas, en cuanto reales actores sociales, pudiesen adquirir «dignidad de la virtud consciente»2Mary Wollstonecraft, Vindicación de los derechos de las mujeres, 1792:138, respetabilidad e independencia. De hecho, la Wollstonecraft subrayó que es justo a través del cambio de la sociedad, y por consiguiente de sus opiniones y modales, que se podía obtener un real cambio porque este último no podía ser aportado solo por la educación, que era basada justo en dichas opiniones y modales3Ivi, p.131. En efecto, la autora se preguntó retóricamente «¿dónde está la diferencia sexual cuando la educación ha sido la misma?»4Ivi, p.134

«Todos los escritores que han tratado el tema de la educación y los modales femeninos, desde Rousseau hasta el doctor Gregory, han contribuido a hacer a las mujeres más artificiales, caracteres débiles […] e inútiles.»5Ivi, p.131

Las propuestas de la Wollstonecraft de hecho contrastaron abiertamente con la teoría del filósofo suizo Jean Jacques Rousseau (1712-1778) presente en su obra Emilio de 1762. Según su teoría, las niñas y las mujeres en general deben ser educadas solo para ser esposas buenas, obedientes y atractivas6Ivi, p.137, nunca deben hacerse independientes y han de quedarse en el hogar en cuanto su índole natural es aquella de la inactividad y de la tranquilidad doméstica. A esto la autora contestó que

«una niña a quien no se le haya teñido la inocencia con la falsa vergüenza, siempre será traviesa y no le atraerán la atención las muñecas, a menos que el encierro no le permita otra alternativa«, porque «los niños y las niñas jugarían juntos sin peligro, si no se inculcara la distinción de sexos mucho antes de que la naturaleza haga alguna diferencia.»7Ivi, p.163

 

 

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Madrid, 8 de marzo. Foto propia

 

 

De hecho, la escritora quiso demonstrar que, si no fuese por la educación debilitante y contraria a cualquier desarrollo de las facultades cognitivas de las mujeres a partir de la infancia, no habría esas grandes diferencias entre hombre y mujer que en vez los caracterizan y los definen.

La lectura de la Vindicación, de todas formas, nos crea unos problemas de interpretación de sus teorías, porque algunas de las afirmaciones contenidas en el texto resultan ser contradictorias entre ellas y no facilitan la comprensión general del pensamiento de la autora.

Para ella, efectivamente, hombre y mujer son iguales delante de los ojos de Dios, y por eso son sujetos a las mismas leyes morales; pero luego sostuvo también que las mujeres son inferiores a los hombres por naturaleza8Ivi, p.137-142 porque poseen menos «fortaleza mental, perseverancia y entereza»9Ivi, p.152, pero sin embargo los hombres por su parte han contribuido al aumento de esta inferioridad10Ivi, p.150. Además, la «fortaleza corporal parece otorgar al hombre una superioridad natural sobre la mujer»11Ivi, p.156, pero de todas formas esta para la autora no debe ser una justificación del diferente desarrollo de las virtudes y del conocimiento, que deben ser madurados por hombres y mujeres en la misma manera porque ambos sexos son igualmente capaces.

Si por una parte subrayó la inferioridad de la mujer, la Wollstonecraft consideró por cierto que las mujeres son plenamente en grado de ejercer sus facultades racionales y esto tenía que devenir su derecho, pero también dijo que probablemente las mujeres no pueden alcanzar en mismo grado de conocimiento que los hombres.

Sostuvo también que las pocas mujeres extraordinarias que se han emancipado «no han sido las más hermosas ni las más gentiles»12Ivi, p.142 y son espíritus masculinos13Ivi,p.150, precisamente debido a su perseverancia en las acciones y a la firmeza de sus decisiones, características que son convencionalmente asociadas a la figura masculina y que, consecuentemente, si poseídas por una mujer, le confieren un aspecto de masculinidad.

El texto no es totalmente clasificable como feminista: la Wollstonecraft no afirmó explícitamente la igualdad entre hombre y mujer, la cual, como he escrito antes, era considerada inferior al hombre por determinados aspectos, pero esto no tenía por qué ser discriminante en relación con los derechos.

 

 

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Madrid, Manifestación de las mujeres. Foto propia

 

 

Además, sí es verdad que la autora quería que la mujer se emancipase, pero lo quería para que la sociedad pudiese desarrollarse y la mujer se convirtiese en compañera y amiga del hombre, dado que el amor para la escritora solo es algo transitorio, pero no para que la mujer se emancipara de su rol domestico de casera. La filosofa también se dirigió a los hombres para que ellos aportasen unos cambios en la sociedad porque las mujeres, en cuanto mal instruidas, eran incapaces de actuar para cambiar su propia situación.

La autora de todas maneras subrayó que no quería invertir el orden de la sociedad presente en ese momento. Lo que había que hacer, para que la mujer pudiese emanciparse como ser humano racional, era dejar espacio a sus facultades de modo que se desarrollasen y sus virtudes se fortalecieran14Ibidem, porque

«hasta que no se eduque a las mujeres de modo más racional, el progreso de la virtud humana y el perfeccionamiento del conocimiento recibirán frenos continuos.»15Ivi, p.158

De hecho, la Wollstonecraft relacionó mucho la emancipación de la mujer con el progreso de la sociedad y la utilidad que la mujer podía tener en ella, porque era la mujer misma la que criaba los futuros miembros de la sociedad y debía por eso transmitirles los justos valores.

En esta óptica me parece que la autora se haya alejado del propósito feminista propio del texto, porque la adquisición de los derechos y de la educación completa de la mujer sí eran importantes para ella en cuanto ser humano y ciudadana, pero eran considerados fundamentales sobre todo en función del progreso de la sociedad.

De todos modos no nos olvidemos que el texto fue publicado en ámbito iluminista y el espíritu del progreso civil de la humanidad se nota también en cuestiones sociales como ésta. Es verdad también que por esos tiempos la autora representó una voz revolucionaria, dado que todavía no existían ni verdaderos movimientos feministas para la igualdad entre sexos ni, sobre todo, el mismo término de “feminismo”: éste fue propuesto por la primera vez en ámbito social, fuera del ámbito médico, por la feminista francesa Hubertine Auclert (1848-1914) en la revista La Citoyenne en 1881, en relación con las movilizaciones por el derecho de voto en Francia.

En la Vindicación, la influencia iluminista es presente también en la concepción racional de la pasión como algo que debe “someterse a la necesidad” y dejar espacio a una más útil amistad entre esposa y marido, seguramente más proficua por el bienestar de la familia entera porque las emociones “perturban el orden de la sociedad y absorben los pensamientos”16Ivi, p.145. Se dio, entonces, mucha importancia a la esfera racional también en el ámbito de las relaciones amorosas, pero de todas formas «la sumisión es a la razón y no al hombre.»17Ivi, p.152

 

 

 

Madrid. Foto propia

 

 

Más o menos en el mismo periodo de la publicación de su texto encontramos otra reivindicación feminista parecida, es decir la Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana escrita por la pensadora francesa Olympe de Gouges (1748-1793) en 1789. En ella, la autora definió los derechos de las mujeres como naturales, inalienables y sagrados y el sexo femenino como “superior tanto en belleza como en coraje, en los sufrimientos maternos”. En el primer artículo la autora determinó justo la igualdad de derechos entre hombre y mujer, que es lo mismo que la Wollstonecraft pidió en su texto, y como ella consideró como derecho la libertad y también la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión. Pero, a diferencia de la escritora inglesa,

Olympe de Gouges trató también de la misma accesibilidad a “todas las dignidades, puestos y empleos públicos” y también del derecho de la mujer de subir al cadalso y a la Tribuna.

Las ideas de la Wollstonecraft resultan innovativas por el periodo en el que escribió pero algunos conceptos son típicos de tal periodo, como el rol de la mujer como madre y como instructora de sus hijos además de ser la cuidadora del hogar, roles que no eran ni imaginados en relación con los hombres. Estos conceptos serán revolucionados realmente solo más tarde, con escritoras como la filósofa inglesa Harriet Taylor Mill (1807-1858), la política alemana Clara Zetkin (1857-1933), la revolucionaria rusa Aleksandra Kollontai (1872-1952) y la historiadora americana Joan W. Scott (1941-), famosa sobre todo por su análisis de la categoría de género, todavía muy importante por los estudios que se siguen haciendo sobre este tema.

 

Fotos propias

Madrid, Manifestación del 8 de marzo

 

Bibliografía:

  • De Gouges Olympe, 1789, Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana
  • Rousseau Jean Jacques, 1762, Emilio
  • Wollstonecraft Mary, 1792, Vindicación de los derechos de las mujeres
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Emma Strocchi

Classe ’96, mi nutro di antropologia, fotografia, viaggi e poesia. Analitica, critica, paladina dei fragili. Non amo la frenesia moderna. A cuore aperto verso il mondo mi muovo nello spazio del mio pot-pourri di sospensione e concretezza. Laureata in Antropologia, religioni, civiltà orientali all’Unibo, progetto di imboccare la strada dell’Antropologia visiva e psicologica, ma l’indeterminatezza regnerà sovrana ancora per un po’.

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